Un volcán dormido en el corazon de Africa

domingo, 23 de enero de 2005

Hablemos de la poligamia africana


Muchos europeos tendrán ideas muy extremas sobre la poligamia, tal vez imaginen harenes, esclavismo, sometimiento religioso, violencia conyugal... pero la poligamia africana tradicional no es así.

La poligamia africana tradicional que aparece en los cuentos de Na Mitón consiste en un sistema social tradicional de la gran mayoría de los pueblos del Africa subsahariana y que tras la descolonización, ha quedado institucionalizado legalmente.

Primero, la poligamia consiste en el matrimonio entre un hombre y varias mujeres. Hay que tener en cuenta que se trata de un matrimonio legal y que en la primera acta matrimonial se opta o bien por la poligamia o bien por la monogamia. Aunque también se puede cambiar de estatus. A veces ocurre que tras varios años de experiencia monógama, se decida pasar al estatus de poligamia, para poder hacer un segundo matrimonio.

¿Por qué la poligamia?
En mi opinión todo se basa en el sistema económico africano tradicional: la agricultura.
Las tierras son de los jefes. Los jefes entregan porciones de sus tierras a los hombres que las merecen (antiguamente a los guerreros, héroes, etc). Estas tierras otorgadas por el jefe se denominan concesiones.
Para honrar este regalo del jefe, la tierra otorgada debe estar siempre cultivada y una parte de la cosecha ha de ser entregada al jefe como muestra de agradecimiento.
Tanto hombres como mujeres tienen el derecho y el deber de trabajar la tierra de su concesión y de obtener frutos. La cosecha es tanto de quien la ha trabajado como de los vecinos, de los familiares, de quienes la necesitan y del jefe.
Ahora, pongamos que un guerrero lleva a cabo muchas hazañas, con lo que merece ser condecorado con más tierras.
¿Cómo hacer para poder honrar estas nuevas tierras? Su mujer y sus hijos trabajan ya mucho en las tierras que ya tienen y no podrán desplazarse hasta la otra concesión y obtener las mismas cosechas. Ese es el momento en que un hombre debe tener una segunda mujer, es decir, una segunda familia, ya que en caso de que la tierra se quede sin trabajar, el jefe decidirá entregarla a otro que la merezca o que la necesite más.
Entonces el hombre tendrá que construir una nueva casa en la otra concesión para albergar a su nueva mujer y su nueva familia.

Este sistema ha funcionado durante miles de años y ha asegurado comida y trabajo para todos, al igual que ha permitido un gran índice de natalidad en pueblos que por la dureza de sus condiciones tienen índices altos de mortandad.
En una palabra, la poligamia ha permitido la supervivencia de los pueblos subsaharianos.

¿Y en la actualidad?
Esta es la parte difícil. Por un lado, en las ciudades todo ha cambiado. La base ya no es agrícola y muchos linajes de jefes se han extinguido. Las mujeres estudian en las universidades y no tienen necesidad de tener hijos para ser bien consideradas, más bien ahora los hijos se van convirtiendo en una carga difícil de soportar.
En las ciudades, las mujeres no desean la poligamia y nadie las fuerza, con lo que la polígama queda reducida a las practicantes de religiones musulmanas (pero ésa poligamia es muy diferente).

En las zonas rurales sin embargo, el sistema continúa y se mantiene, aunque ahora las proezas para obtener concesiones son más bien económicas, así en los pueblos los polígamos son hombres ricos con negocios en la ciudad que se preocupan de mantener contentos a sus jefes tradicionales y a los funcionarios del catastro.

Yo no creo que sea un sistema en extinción, hay muchos intelectuales africanos que consideran la poligamia como un sistema social viable en el siglo veintiuno, como una alternativa a la familia nuclear occidental y la práctica continúa muy generalizada.

Me quedo con la frase de un amigo mío de Duala, que me decía después de beberse su cerveza en el bar habitual : me casé con la segunda pensando en que así arreglaría mis problemas con la primera, luego me casé con la tercera para resolver los problemas que tenía con las dos… ¿me invitas a otra cerveza?

jueves, 13 de enero de 2005

La Historia


Siempre hay un éxodo, siempre hay un largo viaje, los avatares de un hombre o una mujer, el padecimiento de un pueblo que camina y camina.

Los cuentos fundacionales africanos, como los tres que traduce Agnès Agboton al principio de su Na Mitón (la fundacion de Abomey, de Baulé y de Mossí) suelen comenzar con un éxodo. El pueblo que camina y que superando pruebas y situaciones extremas decide asentarse en un lugar.

El príncipe Dika Akwa, un camerunés nacido en 1933, doctor en etnología y que dedicó sus años a la investigación becado por la Sorbona de Paris, regresó a su país en 1974 para asumir la sucesión que le impuso su padre, ser jefe tradicional de los Duala.

En el ensayo de Dika Akwa sobre el estudio de la historia africana "Les problèmes de l’anthropologie et de l’histoire africaines" (Ed. Clé 1982), defiende la idea de que hay que entender la historia africana dentro de la dinámica de las migraciones que ha sufrido el continente a lo largo de los siglos, con las disgregaciones y congregaciones de los diferentes pueblos.

Por ejemplo, Dika Akwa traza la genealogía de su pueblo, remontando los nombres de los jefes tradicionales, que va recogiendo a través de los cuentos y la enseñanza oral hasta llegar a remontarse en el tiempo hasta el nivel 38, cerca del siglo XII de la era cristiana, donde la memoria se pierde.

También los objetos de sus antepasados le dan pistas de la ubicación de su pueblo, como por ejemplo el uso de bastones labrados con cabeza de buey. Un pueblo costero que usa elementos de pastoreo a fuerza debe provenir de un lugar donde el pastoreo sea posible, es decir de la sabana del norte.

Otro elemento que le sirvió para localizar el origen de los Duala, lo encontró en el atuendo masculino: faldas negras, torso desnudo, pañuelo al cuello y paño en la cabeza que cae por detrás de las orejas.

Egipto fue arrasado por los persas en el siglo III antes de Cristo. ¿Quién habitaba Egipto antes, se pregunta Dika Akwa, quién construyó las pirámides?. Dika Akwa está seguro de que los constructores de las pirámides fueron sus entepasados.

La teoría de Dika Akwa no sólo sirve para poner en duda las concepciones de la historia de Africa, sino que también aporta pruebas de que los africanos no han sido siempre esos salvajes que los colonos creyeron encontrar.
Sobre todo nos sirve de ejemplo para entender que los pueblos africanos han estado durante siglos viajando, extendiéndose por el continente, con el desierto empujándoles desde el norte y la selva impidiéndoles el paso libre hacia el sur.

La colonización y el trazado de países y fronteras fue para los pueblos africanos como la señal de parada en el juego de las sillas. Cada pueblo congelado en el punto donde se encontraba mira a los lados para descubrir quiénes son los vecinos que por azar les ha tocado y cuál es el sitio que ahora se llama "su país".

Más sobre la teoría de Dika Akwa, en francés.

domingo, 9 de enero de 2005

Na Miton



Me acabo de encontrar con Na Mitón, un libro que acaba de publicar RBA escrito por la poeta beninesa Agnès Agboton.

El subtítulo de Na Mitón es "la mujer en los cuentos y leyendas africanos".

Agnès Agboton, licenciada en filología hispánica, trabaja colaborando con el Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya y otros organismos en la difusión de las tradiciones orales africanas.

Se trata de cuentos africanos "adaptados" al castellano y digo "adaptados" porque, como ella misma explica en su prólogo, aquí los perros dicen guau guau, en cataluña dicen bup-bup y en el gun, su lengua natal, dicen bo bo.

Las tradiciones, cuanto mas las orales, son difíciles de traducir. Y uno se queda con un extraño sabor de boca al leerlo.

Aún más en este caso, ya que un cuento africano consiste en una especie de sortilegio donde cada palabra que lo compone contiene un universo de significado. Cada frase ha sido pulida a través de las generaciones a lo largo de siglos y lo que hoy cuentan los ancianos no es tan solo una historia pasada sino la (única) conexión con sus antepasados. La prueba tangible de la identidad de todo un pueblo.

Los cuentos en Africa no se escriben, sino que se cuentan. Y cada una de sus palabras son como los pilares del monumento de su pueblo.

Memorizar estos cuentos con cada una de sus palabras y sus inflexiones de voz, sigue siendo hoy día un trabajo fundamental en la iniciación de jefes y notables en toda Africa Subsahariana.

Un cuento africano no es tan solo una leyenda del pasado contada de padres a hijos, sino mucho más que esto: la definición de fronteras, el temperamento de un pueblo, las maldiciones que les persiguen desde su pasado y sobre todo, la moral y las leyes, ya que un jefe los usa constantemente en sus reuniones como argumento de sus decisiones, al igual que un padre para aleccionar a sus hijos.

Los cuentos por tanto no sólo son el vínculo de unión con el pasado, el orígen y la identidad de los pueblos africanos, sino que es la fuente de sabiduría recogida por la experiencia social de pueblos milenarios.

Traducirlos a otra lengua puede llegar a ser complicado pero aún más complicado será comprender estos cuentos de la misma manera que los comprendería para quienes fueron creados.

A mí me gustaría aprovecharme (sin el permiso de la autora) de la publicación de esta obra de riqueza milenaria para ir aclarando algunos de sus preliminares, siempre teniendo en cuenta que, como bien dice Agnès Agboton, "a uno y otro lado del mar de arena" los hombres y las mujeres no son, a fin de cuentas, tan distintos. ¿Me siguen? ¿Me ayudan?

lunes, 20 de diciembre de 2004

Navidad en Africa


En europa, la fiesta de la navidad se ha despojado de toda religiosidad y se ha convertido en un gran negocio. No solo esto, es en estas fechas cuando se produce el bombardeo de imágenes dramáticas de niños africanos con vientres hinchados y es cuando más dinero se recauda para proyectos de desarrollo en Africa.

Muchos europeos tal vez no sospechen que también en Africa es Navidad.

Por mi parte, ahora que vivo en europa echo de menos la alegría con la que se vive la Navidad en Africa. En Duala pasé cinco navidades y en cada una me maravillé con la manera en que la ciudad se convierte en una fiesta a medida que se acerca el día 25.

Las familias se agrupan. Acuden desde los pueblos del interior para ver a sus familiares de la ciudad, quienes les acoge en sus casas. Cada uno trae lo que puede, mangos, piñas, iñames, huevos, un pollo, una cabra, porque saben que la comida en la ciudad es cara. Y nunca falta.

Las puertas de las casas se dejan abiertas. No sólo para los familiares también los vecinos entran y salen, reparten bebidas cuando hay, reparten comida cuando se prepara. En Africa no hay cazuelas pequeñas ni mesas individuales.

Quien no tiene comida, reparte cacahuetes. Pone música. Acude a bailar. Quien no tiene, reparte mucho más.

Las familias han estado ahorrando dinero durante noviembre especialmente para comprar ropa nueva a los niños. Juguetes también se compran, a veces de segunda mano, de esos que llegan desde europa pintados y rotos, a veces de esos que venden los chinos, que se rompen al día siguiente. Es lo de menos, los niños reparten sonrisas a todos.

Es difícil dar un paso en la calle sin ser invitado a una cerveza. En Duala, es la época del año que más calor hace y no es sólo por el sol. Los bares se multiplican, llega un momento en que cualquier casa se convierte en bar, lugar de encuentro, ya la bebida es lo de menos, se termina pronto, ya cualquier lugar donde haya música basta para entrar, para dejarse inundar en una alegría que es la de todos.

El día 25 cada uno luce sus mejores vestidos, un cocktail de explendor de colores cubre en un momento las calles. Los niños, con su ropa nueva y sus sonrisas acuden a su grupo de coral para ensayar una vez más las canciones de Navidad. Las mujeres se reúnen en sus cofradías para acudir a misa y a la salida, a compartir la fiesta en "petit comité".

Por la noche, ninguna casa queda a oscuras. Los padres de la familia salen a los bares, a los restaurantes, a las fiestas donde les van invitando o se quedan en la fiesta propia de su casa. Recuerdo que en una de mis primeras navidades africanas tuve tantas invitaciones que pase toda la noche hasta el amanecer de una casa a otra.

En Navidad la fiesta vibra en cada casa, se respira a través de las ventanas y las cazuelas abiertas y se siente al ritmo de la música y de la risa.

En Africa también es Navidad.

domingo, 12 de diciembre de 2004

Respuestas


Jean de Dieu TAGNE, desde Camerún
Ante la gravedad de la agresión que los países del Sur reciben de sus hermanos verdugos del Norte,
Ante la invocación de los contratos y los acuerdos para reprimir a Africa y a los africanos,
Ante los conflictos de intereses que ciegan incluso a las almas más lúcidas, a pesar de su fé o de su razón,
Espontáneas referencias a las palabras de Jean Jacques ROUSSEAU, probablemente en el Contrato Social: "Hago contigo un contrato todo a tu cargo y todo a mi beneficio que respetaré mientras que yo quiera y que tú respetarás mientras que yo quiera".
Díganme en qué son diferentes los contratos con les Estados Africanos sobre la madera, el petróleo, el oro, el diamante ... el armamento, de esta reflexión de ROUSSEAU.
Es un reto y espero vuestras respuestas.

Devant le gravité de l'aggression que les pays du Sud subissent de leurs frères bourreaux du Nord,
Devant l'invocation des contrats et des accords pour reprimer l'Afrique et les Africains,
Devant les conflits d'intérêts qui aveuglent même les esprits les plus lucides, malgré leur foi ou leur raison, on pense spontané aux paroles de JEAN JACQUES ROUSSEAU, probablement dans le CONTRAT SOCIAL:" Je fais avec toi un contrat tout à ta charge et tout à mon intérêt que je respecterai tant que je voudrai et que tu respecteras tant que je voudrai..." Dites moi en quoi les contrats avec les Etats africains sur le bois, le pétrole, l'or, le diamant ... l'armement, sont différents de cette reflexion de ROUSSEAU.
C'est un défi et j'attends vos réponses.


lunes, 6 de diciembre de 2004

Ni el gobierno marfileño ni el francés han jugado limpio


La opinión de Alpha Blondy
El genial artista marfileño Alpha Blondy, da su opinión en Fraternité Matin, uno de los periódicos digitales que se publican online desde Costa de Marfil (ver otros en la columna de la derecha).

"Los frances en Costa de Marfil son la 68ava etnia. Hay franceses que nacieron aqui, ellos van a Francia como nosotros vamos a Francia, pero tienen todo aquí. Son marfileños.
Ni el gobierno marfileño ni el francés han jugado juego limpio. Primero hemos tenido los bombardeos marfileños que han hecho un centenar de víctimas civiles marfileñas, en Buaké y Korhogo, sin suscitar reacciones. Si no hubiera habido esta famosa osadía [el ataque a la base militar frencesa en Bouaké] y Francia no hubiera tomado represalias, ¿habríamos hablado del embargo a las armas (decidido el 15 de noviembre en la ONU)? Habría que haberse impuesto antes, cuando llegó la ONU (en abril) para detener la escalada. Pero no se hizo nada.

También el señor Chirac, antes de dar la orden de destruir la aviación, tendría que haber pensado en los franceses que allí están. Pero se diría que pasó total de ellos. Por otro lado, el señor Gbagbo no tenía que haber dejado hacer así a los patriotas [Jeunes Patriotes, los grupos civiles espontáneos antifranceses]. Él sabía muy bien que esos jóvenes estaban dispuestos a todo por él y que entre sus admiadores hay saqueadores y violadores.

¿Cómo una armada puede disparar balas reales sobre personas, ciertamente agitadas?. En europa esto sería inconcebible. ¿Por qué lo hicieron sobre marfileños?
El gobierno francés ¿va a indemnizar a las fmilias de los niños sobre los que dispararon? Y el gobierno marfileño, sponsor de los patriotas, ¿va a indemnizar a las familias francesas que sufrieron el saqueo? Yo desearía que ambos gobiernos paguen, ya que ambos jefes de estado se han comportado como irresponsables."

¿Durante cuánto tiempo estos políticos irresponsables van a tomar a los civiles como rehenes para solucionar su guerra?

Alpha Blondy vive en Costa de Marfil y rechaza la idea del exilio. Jamas se irá de su país, asegura que será mejor que le disparen luchando por la paz.

lunes, 22 de noviembre de 2004

Costa de Marfil, después del 6N


Según datos del diario francés Nouvel Observateur

6 de noviembre:
-Dos aviones marfilenses bombardean la base militar francesa en Bouaké, 9 muertos, una treintena de heridos.
-El presidente francés Chirac ordena la destrucción de todos los medios aéreos militares marfilenses.
-Combates entre militares franceses y marfilenses en el aeropuerto de Abidjan, donde los franceses acaban tomando el control.
-Manifestaciones populares en contra de los militares franceses. Pillaje y destrucción de instalaciones francesas.

7 de noviembre:
-Segundo dia de pillaje y violencia antifrancesa en Abidjan.
-Francia aumenta las fuerzas militares destacadas en Costa de Marfil al número de 5000 soldados.
-El presidente de la Asamblea Nacional Amadou Koulibaly declara: "Vietnam no será nada comparado con lo que vamos a hacer aqui"
-El presidente de Costa de Marfil Gbagbo exige a los manifestantes que detengan la violencia.

8 de noviembre:
-Tercer dia de manifestación y violencia antifrancesa.
-Los dirigentes políticos y militares marfilenses llaman a la calma.

9 de noviembre:
-Tropas francesas y cascos azules de la ONU toman el control de ciertos barrios del sur de Abidjan, mientras que los manifestantes se enfrentan cruentamente con los militares franceses en el barrio Cocody.

10 de noviembre:
-Continúa la manifestación popular en Abidjan.
-Los primeros franceses residentes comienzan a ser evacuados del país.
-El presidente Gbagbo afirma no haber dado orden de matar soldados franceses.

11 de noviembre:
-Regreso a la calma civil.
-La radio-televisión pública cesa los anuncios a la población en contra de los militares franceses.
-Continúa la evacuación de residentes franceses.

12 de noviembre:
-Varias decenas de mujeres blancas han sido violadas en los dias de violencia antifrancesa pero no se computa ninguna muerte, aunque hay dos franceses desaparecidos.
-Costa de Marfil anuncia que va a denunciar en la Corte Internacional de Justicia la represión de los militares franceses a las manifestaciones populares, contando 62 marfilenses muertos y unos 1200 heridos.
-Gbagbo emite duda sobre la muerte de los soldados franceses en Bouaké "yo no he visto ningún soldado francés muerto".

13 de noviembre:
-Regreso a la normalidad en Abidjan.
-El éxodo de occidentales se eleva ya a 2600 personas evacuadas.
-Unos 6000 marfilenses escapando de la violencia se han refugiado en Liberia.

14 de noviembre:
-El presidente Gbagbo ordena una investigación sobre el bombardeo de la base de Bouaké y declara que los aviones destruidos serán restituídos.
-Jacques Chirac declara que Francia continuará a asumir sus responsabilidades bajo mandato de la ONU y que no permitirá que la situación del país acabe en la anarquía o en un régimen de tipo fascista.
-El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, tras reunirse con Gbagbo, ahora se reúne con los dirigentes de la rebelión.
-Continúa el éxodo de occidentales, ya a 3700 personas evacuadas.

15 de noviembre:
-El Consejo de Seguridad se reúne para votar una resolución francesa que preve la iposición condicional de sanciones.

16 de noviembre:
-Ya son 10.000 los refugiados marfilenses llegados a Liberia.

17 de noviembre:
-El lider de la oposición Ouattara declara que la reconciliación es bien posible, pero que es necesario conseguir el fin del terror en Abidjan.
-Paris calcula la llegada de 7200 franceses procedentes de Costa de Marfil.

18 de noviembre:
-El presidente Gbagbo llama a los proietarios y patronos franceses a regresar a Costa de Marfil.
-El regreso a la calma en Abidjan aún no está conseguido y los militares franceses continúan patrullando por las calles.
-Primer consejo de ministros para la reconciliación, aunque tan solo con la presencia de una parte de la oposición.

19 de noviembre:
-Según datos oficiales, un total de 8332 franceses han abandonado Costa de Marfil además de unos 600 occidentales de otros países entre el 10 y el 18 de noviembre.

domingo, 21 de noviembre de 2004

Costa de Mafil antes del 6N



Los países subsaharianos cuentan su historia nacional en los libros de texto a partir de la colonización blanca, pero Costa de Marfil bien podría obviar esos y años y comenzar por su fecha de descolonización, que marcaron años de crecimiento económico y de recepción de inversiones e inmigración extranjera.
Costa de Marfil descolonizado era un país excepcional en Africa. Un país que supo integrar la multiplicidad de culturas y regiones que lo componen. Incluso supo integrar a los ex-colonos que regresaron, los que se quedaron y llegó a convertirse en uno de los países subsaharianos con mayor número de residentes e inversiones extranjeras.

La historia de su degradación, comienza hace muy poco, concretamente pongamos el 24 de diciembre de 1999, cuando un golpe de estado que nadie (de verdad, nadie) se esperaba, derrocó al presidente Henry Konan Bedié y puso en marcha un año de transición administrado por el general Robert Guey.

El general Guey propone un sistema parlamentario donde reúne a representantes de todos los partidos, pero deja fuera al lider político Alassane Ouattara, de origen burkinabé (ante la indiferencia de Francia y de los observadores de la ONU) y antes de las elecciones del 2000, aprueba una nueva ley que exime de la presidencia a todo hijo de no-marfileño.

Esa resolución legal enciende los ánimos de los numerosos partidarios de Ouattara que comienzan manifestaciones y enfrentamientos desde el norte del país, minando así las producciones agrícolas de la zona. Pongamos que así comienza lo que llamamos hoy "guerra de Costa de Marfil".

En octubre del 2000, las elecciones (no representativas, según los partidarios de Ouattara) ponen al frente del gobierno a un antiguo profesor de historia, Laurent Gbagbo. Y entonces comienzan los enfrentamientos sistemáticos entre partidarios de Ouattara y fuerzas gubernamentales.
Durante dos años, los rebeldes crearon el caos en la economía agrícola del país y como toda respuesta del gobierno y de la política internacional, sólo recibieron represión armada, es decir, violencia y muerte.

La noche del 19 de septiembre de 2002, los rebeldes llegan a Abidjan y el conflicto se salda con 300 marfilenses muertos. Muchos de los rebeldes ahora son burkinabeses que apoyan a los familiares de Ouattara muertos en las represiones del norte.

La opinión internacional ahora habla de "conflicto religioso" ya que los habitantes del norte de Costa de Marfil y de Burkina son musulmanes desde hace más de 10 siglos y entonces Francia desembarca en el país con una tropa de boinas verdes en la operación Licorno, la cual no consiste ni en detener a los rebeldes ni a terminar con Gbagbo, sino en una situación difusa de "mediador".
Yo no sé de política, pero no entiendo que un mediador pueda llegar masivamente a un país con armas, chalecos antibala y uniformes.

Esta posición, "por encima del bien y del mal" de la política francesa exaspera tanto a rebeldes como a gubernamentales marfilenses y desde ambos bandos son criticados. El ministro de exteriores francés Villepin es secuestrado durante unos días en Abidjan, cuando se desplazaba para "reunir a Gbagbo con los líderes rebeldes".

Villepin llega a reunirles en Marcoussis el 25 de enero del 2003, donde firman acuerdos de reconciliación, constituyendo la gloria política del ministro francés pero agua de borrajas en el conflicto marfilense, que se sigue recrudeciendo ante la indiferencia francesa, tal vez porque las zonas del conflicto quedan fuera de las regiones de explotación de cacao.

El 6 de noviembre de 2004, dos aviones gubernamentales hacen caer sus bombas sobre la base militar francesa en Bouaké, con el saldo de 9 soldados muertos y decenas de heridos. A la vez, un vehículo militar gubernamental lanza un cohete contra la caserna de militares franceses en el aeropuerto de Abidjan sin provocar ningún muerto.
La reacción de Chirac: ordena a las tropas Licorno francesas (ya son más de 2000 soldados) a destruir la aviación militar marfilense y a tomar el aeropuerto de la capital.

martes, 16 de noviembre de 2004

Primera y última


Por Gonzalo del Campo
Abidjan, la gran capital de Costa de Marfil. Son las cinco menos cuarto de la mañana. Es esa hora en que el bullicio de la urbe parece apagarse definitivamente, antes de que comience de nuevo a renacer al alba.

Dominique duerme, aún plácidamente, en la habitación de un cinco estrellas, ubicado en la parte europea de la ciudad. Suena el teléfono y lo coge al cuarto timbrazo, aturdido todavía por el último wisky de la noche anterior. Escucha por el auricular

-Señor Dominique , buenos días, son las cinco menos cuarto.

A esa misma hora en el aeropuerto Mamadou y Ladji, que no han podido dormir en toda la noche, resuelven que es el mejor momento para hacer lo previsto. Atraviesan la pista en penumbra apresuradamente. Miran de reojo hacia la terminal y no atisban un solo policía que mire hacia las pistas en las que hay aparcados varios aviones. Eligen el más apartado, uno de Air France con destino a París, que tiene su salida a las siete de la mañana. Se encaraman a él escalando por las ruedas y se introducen en su panza abierta.

Cinco y media de la mañana. Dominique desayuna un café con leche, acompañado de un zumo de naranja, dos croissans y mantequilla, lo habitual para la selecta clientela del hotel. Su avión sale a las siete y tiene tiempo de hacer balance de su corto pero intenso viaje. Ha visitado la enorme plantación de cacao al norte de Bouaké, propiedad de sus representados, que no se ha visto especialmente afectada por los acontecimientos que han sacudido el país en los últimos meses. Gracias al celo del administrados, que ocupa un alto cargo en el ministerio de economía del país y al que se le paga una elevada comisión por hacerse cargo de mantener fluida la producción y la exportación de cacao.

También ha visitado las propiedades inmobiliarias, las centrales eléctricas y las dos minas que la compañía posee en el país. Gracias al apoyo del gobierno todo está en orden y puede ofrecer un balance positivo a la empresa francesa para la que trabaja.

También ha disfrutado de las noches de Abidjan. Acompañado de otros dos amigos franceses que trabajan en la embajada, ha recorrido los clubs que frecuenta lo más selecto de la ciudad y cada noche ha pasado por su cama una mujer distinta.

-Con esto del sida hay que andar con ojo, pero vaya hembras, reflexiona mientras se enciende un cigarrillo, acabado, ya, su desayuno.

En el avión, Mamadou y Ladji también hacen repaso de lo que han vivido, no en los últimos días, sino en los años que llevan fuera de sus aldeas. Ambos partieron, casi niños, en busca de otra suerte que no fuera esperar la cosecha y acechar año a año la temida sequía.

Se conocieron en Bobo, con quince años y desde entonces unieron sus destinos de como socios del negocio de errar en busca de trabajo. Habían estado en las minas de oro del norte de Burkina. Una dura labor en un lugar seco e inhóspito. También habían trabajado en el mercado de Ouaga como porteadores, en las plantaciones de cacao, ya en Costa de Marfil y últimamente como estibadores en los muelles del puerto de Abidjan.

Habían ideado un plan único. Sabían que trabajando en el puerto les resultaría más fácil ir de polizones en un carguero que fuese hacia el norte, pero a ellos les había entrado la prisa y no querían estar semanas embarcados en un viaje incierto y demasiado largo.

Iban a entrar en el corazón mismo de Europa, tan sólo en unas horas. A nadie habían hablado de su plan, quizás a nadie, antes, se le había ocurrido viajar en el compartimiento del tren de aterrizaje de un avión, allí donde las ruedas se recogen al despegar el aparato. Allí estaban agazapados, rumiando una mazorca de maíz tostado, sin poder dormir, al cuidado de no ser descubiertos y de que su deseado viaje no se fuera al traste.

Una línea rosada dibuja el horizonte. Poco a poco el sol nace sobre las sucias calles de la parte más africana de Abidjan. Son las seis. Desde el taxi Dominique contempla al pasar las gentes que ya se dirigen al mercado, lenta o apresuradamente. Los libaneses no abren, aún, sus comercios. No lo harán hasta que la claridad sea completa.

Esa misma claridad, atenuada, como en una cueva, se percibe desde el estrecho zulo que acoge a los dos polizones.

Son las siete de la mañana. Puntualmente el vuelo 422 de Air France con destino París está a punto de iniciar su despegue.

Dominique se arrellana en su confortable asiento de primera clase, se aprieta el cinturón y cierra sus párpados por si aún pude abandonarse a un sueño plácido y reparador.

Los motores comienzan a rugir y el avión, tras encaminarse a la larga pista de despegue, acelera y recoge sus ruedas, haciéndose invisible desde el suelo.

El espacio que dejan en el receptáculo apenas deja lugar a los dos amigos, que sienten como aúllan a un tiempo todos los espíritus maléficos dentro de su cabeza y sus oídos.

Dominique se despierta y mira su reloj, son las ocho. Mira por la ventanilla y ve tras el cristal la inmensidad rojiza, interminable del Sáhara allá abajo. Oportuna, la azafata le ofrece un tentempié acompañado de champagne francés. acepta sólo el champagne, pero protesta cuando comprueba que la temperatura no esta a su gusto.

-Podría ser más frío? solicita a la azafata que, enseguida vuelve portando otra botella brillante, con una leve y finísima tela de hielo.

-Así está mejor, gracias, dice sonriendo a la azafata.

Mamadou y Ladji ya no han de preocuparse de cual será su destino. Por los resquicios de su habitáculo penetró primero el frío, intenso, lacerante, mortal, a medida que el avión ha ido ganando altura. Más allá de los ocho mil metros, la muerte no es, ya, un presentimiento. La asfixia es rápida como una guillotina. La condena terrible del pez fuera del agua, del gorrión hundido en las profundidades de un mar ajeno e implacable.

A esa hora, Mamadou y Ladji son cadáveres descoyuntados a merced de las turbulencias que zarandean al avión. Como muñecos de trapo, chocan contra los neumáticos y contra las paredes de metal. Son curepos sin vida, sin futuro ni destino.

Son las doce del mediodía. Hace un rato que el avión ha aterrizado. Dominique coge un taxi que le lleve directo hasta su casa.

En ese mismo instante un operario del aeropuerto descubre los cadáveres de los dos africanos. Uno de ellos asoma, desde las tripas del avión, la cabeza y los brazos como un títere de guiñol abandonado.

Ha pasado un día, son las once de la mañana. Dominique se sienta en su despacho y ojea los periódicos del día. Las noticias de siempre: los infiernos de Irak y Palestina, la subida del coste de la vida, los deportes y, en una nota escueta de la sección de sucesos lee con desgana:

“Ayer fueron encontrados los cadáveres, sin identificar, de dos africanos que viajaban en el compartimiento del tren de aterrizaje de un avión procedente de Abidjan. Según los primeros indicios, ambos debieron morir debido al frío y la asfixia provocados por la altura, en un lugar no presurizado del aparato”

Dominique se dice para sí:

-Estos desgraciados ya no saben que hacer para invadirnos. debiéramos mandarles de vuelta a sus países de origen

A esa misma hora en una morgue del centro de París los cuerpos de Amadou Diouf , maliense, senoufo, de la aldea de Kadiolo, miembro de una familia de herreros y griots y Ladji Sankara de la aldea de Koro, lobi, hijo de agricultores, son icinerados en presencia de un juez, sin que nadie reclame sus cuerpos.

En la noche pasada, el abuelo de Mamadou vio posarse en el árbol del corral una cigüeña negra. Allí pasó la noche entera, hasta el amanecer, cuando remontó el vuelo en dirección al bosque. En Koro los perros no han dejado de ladrar toda la noche, hasta despuntar el día.

En una y otra parte los viejos han reconocido la simbólica visita de la muerte. Sin embargo tal vez no sepan nunca la de quien anunciaban, pues son muchos los que hace tiempo que partieron y de los que no se sabe nada.

Si alguien de la familia sabe con certeza por un sueño o por alguien que ha vuelto, de la muerte de alguien. Entonces buscará su rostro en las estrellas y plantará un árbol de la vida, al que darán su nombre.

Si nada saben de alguien que se fue preguntarán al viento, cuando el hármatan sople desde el norte.

¿Cuando volverán de su largo viaje nuestros hijos?