El poeta muere de tristeza
Ahmadou Kourouma nos dejó ayer. Guerrero de tantas batallas, primero en Indochina, luego en Costa de marfil. En la primera puso su vida en juego por la causa francesa, en la segunda, por la causa que más amaba, su propio país. Y se decidió a hacerlo sin olvidarse de su lengua natal, el malinke, la cual supo presentar al mundo caligrafiada en francés. Condenado en su país por expresarse, por ser poeta, murió ayer en la fría europa, tras veinte años de exilio "no oficial", desde donde no resignó a callar, pero no pudo llegar a los oídos de sus hermanos como él deseaba llegar.
Su último mensaje, enfrascado en una botella y arrojada al mar tempestuoso de hoy: Alá no está obligado

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