Un volcán dormido en el corazon de Africa

lunes, 20 de octubre de 2003

Kaidara


El anciano observó a los presentes, acuclillados frente a las brasas, en la choza que les guardaba del halo mágico de la noche. Se asió a su bastón sin levantarse, por la parte baja, y tomó aire para comenzar.
"Esta historia, es una historia mágica, sonrió.
"Contada a los niños que juegan a la luz de la luna, es un cuento fantástico que les ensueña y les hace reir. Aprenden las canciones y las danzan con la gracia de los niños, y se divierten repitiéndola.
"Contada a las mujeres que hilan algodón durante los meses fríos, es una historia que les entretiene, que les hace olvidar el dolor de sus dedos y las anima a trabajar mejor y a hacer sus comentarios sobre los personajes.
"Contada a los hombres maduros, a los que han vivido experiencias, a los que saben, es una historia que encierra el conocimiento y la revelación.
"Ahora, dijo el anciano, ¿vosotros quiénes sois? Porque la historia que voy a contar es tan sólo una.
Y sonrió, esperando, sus ojos brillaban iluminados del serpenteo de las brasas danzantes.
La respuesta de los presentes no se hizo tardar:
-Cuéntalo entonces, para nosotros...

Así me recreo en el primer párrafo de Kaidara, la primera narración traducida al español recogida por Amadou Hampâté Bâ de la boca de los ancianos peules. El relato de la iniciación en la sabiduría.
Un relato lleno de imágenes que los africanos saboreaban tal cual, pero que a nosotros los racionalistas del siglo XXI nos hará falta descifrar en forma de largas explicaciones.
Y después, una vez hayan sido explicadas tal vez podamos releerlo para disfrutar de las imágenes virginales que se albergaban en la memoria del ancestral pueblo peule.

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